miércoles 8 de noviembre de 2006

Perdóname

Más estupido no podría haber sido, necesito que me perdones. Lamento demasiado no haberte vuelto a visitar en los lugares donde siempre habíamos juguetado y donde tanto disfrute acariciando tus sensuales formas, cada vez diferentes, cada vez más encantadoras, no, enamoradoras, asi debe ser.

Ahora que te he vuelto a encontrar quiero contarte cosas de mi vida que estoy seguro ya sabrás, pero la necesidad me surge porque sé que si te lo cuento con mis propias formas seguramente me podré sentir tan extasiado como cuando estabamos juntos en la esquina de la habitación, debajo de la ventana grande que daba hacia el patio y que siempre te gustó contemplar mientras estabas por fuera de mis manos escurridizas.

No me apena decir que hubo otras aparte de ti durante este tiempo. Con ellas he pasado buenos ratos, me he reído mucho y he sentido por momentos la indescriptible miel de la obsesión, intangible a veces, pero orgásmica siempre. Todas han tenido -y tienen- su encanto. Una de ellas se llama Bossa Nova, y sin querer ser escandaloso, me inspira a pensarte. En su ritmo me sumergí profundamente muchas veces mientras miraba hacia la nada en esos momentos que alguna vez lograste describir y que siempre han sido mi estado de mas profunda rareza. Gracias a Dios ella es ciega y nunca ha reparado en esos detalles. Gracias a Dios su melodía gelatinosa y siempre traviesa me ha sacado por ratos de la necesidad que te tengo y me ha llevado a lugares que jamás pensé podría llegar a imaginar un día. Paisajes rojos totales que se convierten en violeta, animales de cinco patas y flores de caramelo, aves que surcan los cielos del éxtasis con audacia de aventurero, playas infinitas y mares de lágrimas, salados, y que al otro lado sin duda conducen a tu costa.

Pero al final tu costa siempre serás la mas plácida. Por más Bossa Nova y Salsa que me puedan embrujar, necesito que sepas que solo tú, vida mía, eres la que me llena por completo, porque con tu canto, que sale de mis entrañas y llega a los oídos del que nos espía, soy capaz de regresar al lugar de donde tanto me duele salir en las mañanas, que no es otro más que el universo olvidado de mis sueños, donde eres libre sin nisiquiera ser tú.

Quiero que me perdones, por infiel y por necio, por no usarte lo suficiente y por despreciarte cuando te he tenido de cara contra el papel. Quiero ahora que no te separes de mí nunca, y que el cielo sea cómplice además de nuestro juego, para que así pueda ser mejor que siempre y más feliz que nunca.