miércoles 8 de noviembre de 2006

Naranja

Cada vez que la tristeza hace su presencia gélida es dificil hilar las ideas de aquel al que le falta el carácter suficiente para pensar y se deja llevar por la ilusión efímera de algo que no tiene. Es la triste verdad de las tardes donde del cielo caen gotas pequeñas y torpes, ella misma, la que es capaz de envargar un corazón inocente y volverlo carente de sentido, hacerlo llorar su propia sangre sin desearlo en verdad.

Contra ella no existen mas que los recuerdos agradables de los momentos donde rostros queridos sonríen y de otros tantos donde los sabores dulces han hecho presencia, acompañados -obviamente- de la existencia del alma dejada y feliz, sin perjuicios ni malas intenciones en su cabeza. Un color para ella, es necesario ahora, tal vez... difícil. Gris. A lo mejor, gris. Digamos que sí. ¿Un color para su eterna némesis? -una sonrisa, es sufiente-. Naranaja. Ese color es obvio. No tan amarillo, no tan rojo, ademas, siempre es fuerte. Así debería ser. Por siempre, definitamente.

Aunque otra veces -y mucho mas tarde que ahora-, un olor es sufiente... Maria Farina, la de 1709, por supuesto.