miércoles 8 de noviembre de 2006

Mujer de negro seduce a popular personaje

La sangre del elfo se dispersaba por el muro con cada nuevo suspiro de la hermosa criatura. El que una vez fuese el rey de muchas tierras y soberano sobre muchos hombres ahora caía rendido ante la lenta y seductora danza de una mujer que apenas se dejaba ver bajo su velo de sombras.

Suaves movimentos, semejantes a los de una serpiente al acecho, acompañaron entonces las palabras de La Muerte: "Elfo, déjate morir. Ya vete de una vez de este mundo de los hombres, donde no has generado más que locura y desesperación entre esas inferiores criaturas, que además no son dignas siquiera de tener tan noble monarca. Anda, vamonos ya a la sala de mi casa famosa, donde te aseguro te esperan otros tantos que, así como tú, han decidido enfrentarme y no han podido ganar".

Y el rey Elfo, soberano entre los hombres, recorrió su mente en busca de algo que lo atara a la vida mientras desesperadamente se dió cuenta que la vida no es más que el juguete de la muerte y los hombres no más que el juguete de la vida. Entonces, embargado por la tristeza, cerró los ojos y se embarcó en el aliento gélido de la sombra, que lo condujo al limbo que desde entonces y para siempre sería su nuevo hogar.